La escrituración formaliza legalmente la compraventa de un inmueble: comprador y vendedor firman la escritura pública ante notario, con el negocio, el precio y las condiciones. Pero la propiedad no se transfiere del todo allí: falta registrar la escritura en la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos, cuando el inmueble queda oficialmente a tu nombre.
En Colombia implica gastos notariales —que por costumbre suelen repartirse entre las partes—, retención en la fuente a cargo del vendedor, e impuestos y derechos de registro que normalmente asume el comprador, según las tarifas vigentes. Antes de firmar se acostumbra revisar el certificado de tradición y libertad para descartar embargos o hipotecas.
Presupuesta estos costos desde el principio, pues se suman al precio y a los gastos del crédito. Y no des por cerrado el negocio con la firma: verifica que el registro se complete, porque hasta entonces el vendedor sigue figurando como propietario.