El WACC pondera lo que le cuesta a una empresa financiarse: combina el costo del capital de los accionistas y el de la deuda, según el peso de cada fuente, ajustando la deuda por su beneficio tributario. Es la valla mínima que deben superar los proyectos de la empresa y la tasa con la que se descuentan sus flujos al valorarla.
En Colombia lo usan los analistas para valorar empresas de la BVC —incorporando el riesgo país— y también los reguladores: las tarifas de sectores como energía se calculan con un WACC regulatorio que define la rentabilidad permitida a las compañías.
Para el inversionista, dos ideas prácticas: pequeños cambios en el WACC alteran mucho una valoración, así que desconfía de precios objetivo muy precisos; y una empresa que rinde menos que su WACC está destruyendo valor aunque reporte utilidades.